jueves, 19 de enero de 2017

Emmanuel Macron: Revolución Francesa

El candidato díscolo Emmanuel Macron es nuestro hombre en Francia y debe ser el próximo Presidente de la République Française

Fue en uno de mis viajes habituales a París, específicamente a La Défense, el distrito de negocios. Desde que Vuestro Humilde Servidor decidió cambiar el frío torbellino de la capital por la soleada y cálida costa mediterránea nos hemos vuelto asiduos del primer tren de la madrugada. Antes de salir de casa vi en la tele un analista hablando de "La laïcité de Macron". "Ese tipo es buen candidato", pensé. Subí al tren, buscaba mi asiento con calma ya que sé que cuando aún no despunta el sol abunda la tranquila gente de trabajo, pegada a sus laptops y tabletas, la "Francia que se levanta temprano", como decía Sarkozy. Es desagradable un tren repleto con turistas o familias con niños llorones y malcriados. Como sé que la visita a mi cliente iba a ser esta vez bastante plácida, no tenía gran cosa que preparar en el trayecto. Premunido de un café cargado y de la revista Le Point (algo así como el Economist galo), más bien pensaba en las cosas que aprovecharía de comprar en Marks & Spencer. 

Me sumerjo en los diarios y veo lo habitual: el país no crece, el desempleo sigue causando estragos, Marine Le Pen y su retórica incendiaria y alguna nueva de sus burradas. Cuando en eso llega un grupo de muchachos y muchachas, todos bastante cool con un toque hipster, posaban sus tazones Starbucks y sus MacBooks. Hablan fuerte, vienen como contentos y sonrientes (poco habitual en Francia). No eran turistas ni estudiantes. Empiezan a ocupar todos los asientos. "Que no hueveen", pensé. Aparece alguien de traje, impecable. Aún con bastante sueño me pareció que el grupo lo esperaba. Empiezan a saludarlo. Levanto la mirada de los horrores del diario. "A éste lo he visto en alguna parte", dije. Y claro que lo conozco. Era el mismo del que hablaban en las noticias cuando salí de casa. Emmanuel Macron sube al tren con su comando de campaña. "Bonjour", le digo. "Bonjour Monsieur", me contesta. Aunque tenga la misma edad mía es en realidad la norma expresarse con un poquito de formalidad. Le extiendo la mano. Me da un apretón fuerte, me gusta esa gente. Empieza todo el mundo a saludarlo. Se sienta precisamente detrás mío. Luego sube un equipo de prensa y comienzan a grabar una entrevista (la pueden ver aquí, por ahí aparece Chile Liberal).

El fenómeno Macron
La gente cree que Francia es un país "de izquierda" ya que posee un robusto Estado Providencia y una tasa impositiva bastante pesada. Se equivocan. Al contrario de Chile, donde un sistema de bajos impuestos y prestaciones privadas es administrado por gobiernos de centro-izquierda, en la V República francesa han dominado los presidentes conservadores. Hay no pocos "François" de una treintena de años. Muchos padres bautizaron así a sus hijos en homenaje al primer presidente socialista, Miterrand (1981-1988). El pacto tácito es que el sistema social francés no se toca y a cambio los conservadores de derecha pueden ejercer el poder.

El sistema francés como sabemos está exangüe. La irresponsabilidad fiscal comenzó en 1973 y desde entonces nunca más un gobierno logró gastar menos de lo que recauda. La lógica de los 30 Gloriosos Años, las tres décadas de la posguerra en que la Francia industrializada no dejaba de crecer, dio paso a los 30 Penosos, y hoy, a una época de desazón total. Por otro lado, la política francesa siempre ha sido extremadamente predecible, con políticos que lentamente van fraguando sus liderazgos entre astucias, intrigas, muñequeos y arreglines de pasillo. Prácticamente todos provienen de la exclusiva y hermética Escuela Nacional de Administración, ENA, donde la élite gobernante forja sus lazos. Pasan una vida entera dedicada a la política y a nada más. Viven en una burbuja. Hoy, con 8 millones de pobres, un crecimiento paupérrimo y una sociedad post-industrial que parió una clase entera de "les oubliés", los olvidados de la globalización, el país exige un cambio. Sarkozy en cierta forma prometía vigor y un pensamiento fresco, pero fracasó en el intento (si es que alguna vez algo intentó).

Ahora, desde las entrañas del establishment, un graduado de la ENA está causando estragos. Emmanuel Macron, con apenas 39 años, ha sido la gran sorpresa. Desdeñado por ser liberal, joven y millonario,  en un país donde libéral es un insulto, ser joven es una enfermedad y millonario motivo de desprecio, irrumpe como el factor desequilibrante. Su trayectoria no ha sido la típica. Ex broker en el banco de inversiones Rothschild, decidió, contra la corriente, migrar del sector privado al servicio público gracias a su padrino político François Hollande.

El hombre ha presentado su candidatura sin pasar por primarias, y peor aún, renegando del hombre que lo lanzó a la esfera pública (Hollande debió asumir la realidad y negarse a la reelección: así de magros son sus resultados). Sin jamás haber ganado un puesto de elección popular, se perfila actualmente como la carta más interesante en el rígido escenario francés. Combina una elocuencia brillante con una elegancia tipo Villepin y una energía propia de Sarkozy. Macron ha construido un discurso bien articulado basado en su historia personal: hijo de un médico de Provincia, se muestra como producto de la meritocracia francesa, en que un niño de la pequeña burguesía alejada de la capital puede trabajar en el banco Rothschild. Esta misma historia de éxito la quiere extender a todos "los franceses y las francesas", como suele decir, y en esta labor, busca revivir la Francia que alguna vez fue pionera de la globalización y que hoy ve triste cómo de la vanguardia pasa a la retaguardia.

Macron es un hombre de profundas convicciones libremercadistas con espíritu progresista. Un pro-europeo decidido, en sus mítines abundan las banderas de la UE. Su propuesta central es usar las ventajas de la fuerza laboral francesa para unirse a la revolución digital, promover las start-up, reformar el sistema educativo, y reducir los impuestos y las trabas a la contratación y despido de personal sin comprometer el sistema de beneficios sociales.

Contra todos los pronósticos, su candidatura ha sido un éxito abrumador. En París sorpresivamente congregó a más de 10 mil personas y acabó su discurso a grito pelado e hizo estallar de éxtasis a los asistentes, mientras que su rival natural, el ministro Manuel Valls, un hombre neto del establishment socialista y el más probable sucesor de Hollande, apenas atrajo a 2 mil silenciosos adherentes. Ya no pocos empiezan a preguntarse si en la 2a vuelta habrá que apoyar al ex banquero de Rothschild contra el fascismo de Marine Le Pen.

A pesar de no contar con un partido político que lo acoja, ha comenzado el arduo trabajo de estructurar las energías que ha liberado en una especie de movimiento, llamado convenientemente En Marcha, dando así a entender que hay una vitalidad innata que busca seducir al electorado.

Révolution, En Marche!
Entre todo este ajetreo Macron tuvo tiempo de escribir un libro, Révolution, que hace las veces de "programa presidencial abierto", donde expone su visión del país, nos cuenta más detalles de su biografía, y también elabora ciertos fundamentos de su liberalismo político. 

Como internacionalista convencido, quiere que Francia se abra al mundo y establezca vínculos con ciertos países clave: Chile, uno de ellos. Sí, habla claramente sobre la importancia de la presencia francesa en América latina y Chile es el país con más similitudes.

A continuación les presento algunos extractos del libro (traducción propia):

pág. 38
"Si por liberalismo se entiende la confianza en uno mismo, entonces me defino como liberal. Porque lo que yo defiendo debe permitir a cada cual llevar una vida conforme a sus convicciones más profundas. Sin embargo, si se considera de izquierda pensar que el dinero no es la fuente de todos los derechos, que la acumulación de capital no es el fin último en la vida, que las libertades del ciudadano no deben jamás sacrificarse ante la necesidad de seguridad absoluta, que los más pobres y los más débiles deben ser protegidos y no ser discriminados, entonces no tengo problema alguno en considerarme un hombre de izquierda."

pág. 51
"Son los enemigos de la República los que pretenden atarnos en una definición estática y arbitraria de lo que ella es o debe ser. Por un lado, están los islamistas, que desean someterla y que como muestra le experiencia no traen sino la desdicha y la esclavitud. Está también el Frente Nacional que, animado por una absurda nostalgia de un pasado que nunca existió, traiciona lo que Francia realmente es. Algunos adhieren a la ultra derecha cuando adoptan esta tesis. Están también los cínicos que huyen de Francia o que ya no confían en ella."

"Pero en realidad es el proyecto mismo de Francia lo que la define y que desde hace tantos siglos la mantiene en un sitial de honor, que la hace brillar ante el mundo. Desde el Renacimiento hasta la Ilustración, pasando por la Independencia de EEUU hasta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y su lucha contra el totalitarismo, Francia ha contribuido a esclarecer el mundo para liberarlo del flagelo de la ignorancia, de las religiones represivas, de la violencia que aniquila al individuo. Es propio del espíritu francés este instinto natural hacia el universalismo que es al mismo tiempo una indignación constante frente a la injusticia y el sometimiento, y una voluntad de expresar nuestra visión de mundo para el beneficio todos. El espíritu de los Enciclopedistas, dirigidos por Diderot, es la quintaesencia de esta ambición loca, sí, pero así somos. Por lo mismo, nada es más ajeno a nuestra propia forma de ser que replegarnos sobre nosotros mismos."


En fin, hay muchos pasajes de extraordinario interés y que estaremos desmenuzando en Chile Liberal. El libro está escrito en un estilo sencillo y sin ornamentos para sí llegar a la masa. En su primera semana apareció en el 5o lugar de ventas y la semana siguiente fue número 1. Un éxito avasallador.

Habrá mucho tiempo desde ahora hasta la elección presidencial, y es urgente, ante la arremetida del populismo, defender Francia.

Por ahora sólo diremos que la Révolution ya está en marcha, y que Emmanuel Macron cuenta con nuestro apoyo decidido en este combate.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Snowden: Estado de vigilancia

¿Estamos por la defensa del espacio que cada cual debe tener para cometer errores sin ser juzgado, para pensar con total libertad y ser libre de hablar cualquier cosa con los amigos? Si las conversaciones son registradas en una base de datos donde tú apareces diciendo ‘me gustaría tirar a Donald Trump por un barranco, y luego imagínate que algún día Donald Trump llegase a ser Presidente de EEUU…. y todos los que hablen contra él sean identificados y terminen a ellos lanzándolos por un barranco. Eso sería un mundo bastante peligroso.

—Edward Snowden, entrevista a Vice News.


Soy un hombre promedio
trabajo de las 9 a las 5
pago mis impuestos
llevo una vida promedio
vuelvo a mi casa promedio
y cierro bien la puerta.
Me dicen que soy paranoico
sólo quiero estar tranquilo.
Tengo miedo de tomar una ducha
díganme, ¿hay alguien observándome?

♫I always feel like
Somebody is watchng me♪
(And I have no privacy)

Díganme que esto
es sólo una pesadilla

— Rockwell, Somebody's watching me



Ver la película Snowden es un deber cívico para quienes defienden las libertades individuales



Los estudiosos de la cultura norteamericana deben ver las películas imprescindibles de Oliver Stone. Su cine de protesta nos ha hecho reflexionar, a partir de la sociedad de EEUU, sobre la condición humana universal gracias a obras maestras como Pelotón, Nacido un 4 de Julio, Wall Street o Natural Born Killers. Ahora el realizador vuelve a la carga con otra cinta militante: Snowden, basada desde luego en las revelaciones del hacker/héroe libertario más importante de nuestra era.

Stone esta vez ha tomado el camino fácil y Snowden está lejos del estilo combativo de sus entregas anteriores. Adaptada a un público de salas de múltiplex, su último trabajo es de consumo masivo. Probablemente sea una manera de entregar a la generación anestesiada con sobreabundancia de imágenes un contenido apto para su poca capacidad de reflexión (pocas generaciones han sido más sobrevaloradas que los "Millenials"). 

Un cierta desazón es el retintín que domina la sala, al menos para la Generación X y los Baby Boomers, mientras a mi lado, una chiquilla adolescente con su pololo se zampan cabritas y toman Coca Cola zero, ambos impactados al ver que Snowden hace el amor con su novia y la NSA los observa ya que han hackeado el computador de nuestro protagonista. Imagino que estos muchachos, poco habituados al cine y más a gusto viendo pelis en sus tabletas, entenderán que estamos ante una amenaza planetaria de proporciones escalofriantes.

La película merece una mención especial al histrionismo desconcertante de Joseph Gordon-Levitt, quien encarna a Edward Snowden perfectamente. Si han visto el documental CitizenFour (si no lo han visto, ¿qué esperan?) del cual bebe el guión de la película, se sorprenderán de ver a un Snowden extremadamente real en la película. 

Aprendemos algunas cosas sobre el personaje real, recluido en Moscú. Por ejemplo, que su máxima inspiración filosófica ha sido el pensamiento de la filósofa liberal norteamericana Ayn Rand, o que él mismo, por deformación profesional, sufre de una extraña aversión, casi patológica, a las cámaras de video o de fotos. 

La capacidad tecnológica de la televigilancia que lleva a cabo el aparataje norteamericano es apabullante. Básicamente, un señor en EEUU puede observar cada una de nuestras actividades, y el marco legal en que se realiza este espionaje es una burla a la Constitución de EEUU. Estas acciones sólo pueden autorizarse por un poder judicial independiente, pero las administraciones de Bush y Obama se las han arreglado para montar pantomimas de tribunales y así violar el espíritu de la ley. Lo peor es que esta violación universal a la privacidad, aparte de costosa, es completamente inútil. Estamos todos expuestos a la arbitrariedad de la NSA.

El tema cobra particular relevancia ahora que un demente se apresta para jurar como Presidente de Estados Unidos. El mismo pervertido que entraba a los vestuarios de las Miss Universo para ver a las concursantes semidesnudas, no titubeará en usar el poder total de las cámaras y espionaje en teléfonos y computadores para dar rienda suelta a su voyerismo. 

Aterrorizante es ver que en Francia el gobierno, aprovechando el fin de semana largo de la Toussaint (1 de noviembre) furtivamente ordenó fichar en una base de datos gigante a todos los ciudadanos, sean estos sospechosos de actividad ilegal o no, criminales y contribuyentes honrados todos por igual. En el Reino Unido, la peor de las distopías se llevó a cabo ordenando la vigilancia total en Internet. Ambos, en Francia y Reino Unido, sin ningún debate parlamentario, sino que se dictan por decreto. 

Los drones de televigilancia en los cielos de Chile, las cámaras de espionaje, los documentos de identidad obligatorios y su control "preventivo" son nuestra contribución a una sociedad distópica, como vimos anteriormente. "Los tengo a todos identificados", dijo el ex mandamás de Chile, Augusto Pinochet. Si al menos ver la película Snowden sirve para tomar conciencia del peligro que enfrentamos actualmente, entonces habrá sido una buena tarde en el cine.